Cada 8 de marzo hablamos de las barreras que enfrentan las mujeres en sus trabajos o de la violencia que aún persiste en la sociedad. Pero hay una brecha que atraviesa silenciosamente el debate ambiental. La del cuidado.
En América Latina las mujeres realizan el 75% de las tareas del hogar que no son pagadas, según la CEPAL. Esto incluye limpiar, cocinar, separar los residuos y mantener el orden. En la práctica, la economía circular depende de estas manos. No es un proceso automático de máquinas, sino que se sostiene porque miles de mujeres clasifican y recuperan materiales en sus casas y en las calles.
Cuando miramos el reciclaje con este lente vemos que no es solo un tema de residuos. Es una conversación sobre el derecho a un trabajo digno y el reconocimiento de quienes sostienen la limpieza de nuestras ciudades.
Las mujeres que mueven el reciclaje en la región
Más de 3.8 millones de personas en nuestra región viven de recuperar materiales reciclables. En muchos países, como Ecuador, las mujeres representan entre la mitad y el 70% de este grupo. Muchas son madres y jefas de hogar y el reciclaje les permite trabajar sin jefes y con horarios flexibles para poder cuidar a sus hijos o familiares mayores.
Sin embargo, esa flexibilidad también revela una realidad más compleja.
La posibilidad de trabajar sin horarios rígidos muchas veces responde a que las mujeres siguen siendo quienes asumen la mayor parte del trabajo de cuidado dentro de los hogares. Entre las rutas de reciclaje, la crianza, la cocina y las tareas domésticas, el tiempo para el descanso, la salud o el bienestar personal suele quedar relegado. En la práctica, muchas recicladoras terminan sosteniendo al mismo tiempo la economía del cuidado y la economía circular, sacrificando su propio tiempo para que ambas funcionen.
Trabajando junto a recicladoras de base también hemos visto cómo estas desigualdades se reproducen dentro de la propia cadena del reciclaje. En algunos casos, las mujeres realizan gran parte del trabajo de recuperación y clasificación de materiales, pero las negociaciones o pagos dentro del sistema terminan pasando por intermediarios hombres. Son dinámicas que reflejan relaciones de poder históricas sobre quién controla los ingresos y quién queda en posiciones más vulnerables dentro de la cadena de valor.
Lo que a veces vemos como un trabajo “informal” es en realidad una estrategia de supervivencia frente a la falta de empleo estable y políticas públicas inclusivas. Cuando este trabajo no es reconocido ni remunerado adecuadamente, se produce lo que especialistas en género denominan violencia económica, una forma de desigualdad estructural que limita la autonomía de las mujeres y su acceso a ingresos dignos. Por eso, hablar de reciclaje inclusivo no es solo hablar de residuos o sostenibilidad ambiental. Es también hablar de justicia económica y de reconocer el trabajo histórico de quienes han sostenido la limpieza de nuestras ciudades.
Lo que podemos aprender de la región
En América Latina existen experiencias que muestran cómo el reciclaje puede transformarse cuando se reconoce el trabajo de quienes lo sostienen. Algunos de estos casos han sido documentados por la iniciativa regional Conectando el Círculo, impulsada por la red GADER-ALC de la GIZ.
En Brasil las recicladoras (llamadas catadoras) entendieron que la unión hace la fuerza. A través de la organización ANCAT lograron que en 2010 se aprobara una ley nacional que reconozca su trabajo como parte esencial de la gestión de residuos del país. Lo más importante es que hoy las mujeres no solo recogen botellas sino que lideran las cooperativas y se sientan a negociar contratos directamente con los municipios.
En Colombia el cambio vino de la mano de la justicia. Las recicladoras de oficio (recicladoras de base en Ecuador) lograron que la Corte las reconozca como prestadoras de un servicio público igual que el camión de la basura. Esto cambió todo porque ahora reciben un pago más estable y acceso a seguridad social. Para ellas esto significa tener dinero propio y no depender económicamente de nadie dentro de su casa.
Estas experiencias muestran algo importante. Cuando las recicladoras tienen organización, formación y apoyo institucional, la economía circular funciona mejor.
El impacto de ReciVeci en Ecuador
Las principales beneficiarias son recicladoras de base, muchas jefas de hogar y mujeres jóvenes responsables del cuidado familiar. El modelo reconoce que el reciclaje se articula con su rol de cuidado.
ReciVeci capacita periódicamente a recicladores y recicladoras de base en diversas temáticas que contribuyen a mejorar su trabajo y su calidad de vida. Estas capacitaciones incluyen, entre otras áreas:
- Salud sexual y reproductiva
- Finanzas personales
- Liderazgo
- Asociatividad
- Seguridad y uso de equipos de protección
Esto es enfoque de género aplicado a la economía circular. No solo mejorar productividad, sino fortalecer autonomía.
Transformación de roles
Otro ejemplo es el Hub de Vidrio de ReciVeci, inaugurado en 2023. En este espacio trabajan cuatro operarios/as, tres de ellas mujeres, realizando tareas como clasificación, manejo y almacenamiento de vidrio recuperado.
La presencia de mujeres en estas labores es significativa porque implica manipular grandes volúmenes de material pesado, una actividad históricamente asociada a hombres dentro del sector.
Durante el año 2025, la gestión de ReciVeci permitió recuperar 1.050 toneladas de materiales reciclables, considerando tanto el trabajo del Hub de Vidrio como otras operaciones del sistema. Una parte importante de esta recuperación se logra gracias a las 19 estaciones de reciclaje activas en Quito, todas gestionadas por recicladoras de base. Ellas además reciben un pago directo por el servicio de recolección, lo que garantiza mejores ingresos para sus hogares y profesionaliza una labor que históricamente fue invisible.
Mi compromiso este 8 de marzo
Si crees en un mundo sostenible es momento de apostar por el liderazgo de las mujeres. En ReciVeci tenemos las herramientas listas para que tu intención se convierta en una acción con impacto real.
Puedes separar tus residuos en casa y entregarlos a una recicladora de base a través de la ReciApp, llevarlos a nuestras 19 estaciones de reciclaje gestionadas por mujeres o contratar nuestros servicios de recolección para empresas con impacto social.
Este 8 de marzo recuerda que cuando una mujer recicla no solo recupera plástico o vidrio. Está recuperando su valor ante la sociedad y el poder sobre su propia vida.



