La economía circular no crece si la pensamos solo desde el reciclaje. El cambio profundo ocurre cuando extendemos la vida útil de los objetos, reparamos lo que ya existe, recuperamos oficios tradicionales y abrimos espacio a trabajos que combinan creatividad, técnica y cuidado ambiental.
El Circularity Gap Report estima que apenas el 7% de la economía global funciona de manera verdaderamente circular. La cifra deja en evidencia una oportunidad enorme para reducir la extracción de recursos y generar empleo digno. La Unión Europea calcula que las industrias de reparación podrían crear más de 200 mil plazas de trabajo si se fortalecen los talleres locales y los servicios técnicos. Ecuador también tiene espacio para avanzar en esa dirección.
Oficios que sostienen la circularidad
Esta desconexión es crítica si consideramos que hasta el 90 % de los residuos que generamos podrían volver a la economía a través de la reparación, el reciclaje y el compostaje, si existieran servicios accesibles y hábitos de consumo distintos.
Reparar y mantener productos es clave para una economía circular. La Agencia Europea de Medio Ambiente estima que reparar un electrodoméstico reduce hasta un 40 % las emisiones de fabricar uno nuevo. Esto demuestra que estos oficios no solo preservan saberes, también generan impacto ambiental medible.
En Ecuador la realidad es similar. Miles de talleres de costura, zapaterías, carpinterías, bicicleterías y espacios de reparación siguen activos gracias al trabajo de quienes los sostienen, incluso cuando el mercado privilegia lo nuevo. A esta red se suman actividades emergentes como la restauración de muebles, la reparación de celulares, la remanufactura, la logística inversa, los centros de compostaje doméstico, el upcycling y los espacios comunitarios de intercambio.
Estos oficios no son complementarios. Son esenciales para un futuro donde la vida útil de los objetos se prolonga con creatividad, trabajo humano y responsabilidad ambiental.
Reuso en casa con acciones simples
Los cambios no nacen únicamente en los grandes sistemas industriales. También se construyen desde las decisiones cotidianas. Aquí algunas prácticas fáciles de incorporar en la vida diaria.
- Reparar antes de reemplazar
Zapateros que arreglan suelas o tacones. Costureras que salvan prendas con cierres o botones dañados. Técnicos que recuperan electrodomésticos antes de que terminen en la basura.
- Comprar a granel
Tiendas como Azul Esfera, Ecoterra y Verde Granel, aliadas de ReciVeci, funcionan con envases reutilizables. Una sola compra reduce envases y ayuda a cambiar hábitos de consumo.
- Mercados de segunda mano
El sector industrial de la moda es una de las principales fuentes de contaminación. La compra de segunda mano reduce presión sobre el fast fashion y ofrece alternativas de buena calidad. Un buen ejemplo es Usa y Reusa, que recupera prendas en excelente estado y les da una segunda oportunidad.
- Preferir productos retornables
Las botellas de vidrio retornables usan menos energía que el vidrio desechable y ayudan a disminuir residuos. San Felipe ya apuesta por este modelo con sus botellas retornables de agua que vuelven a circular una y otra vez.
- Elegir artículos reparables
Productos con repuestos disponibles extienden su vida útil y reducen el descarte prematuro.
Huella Verde como ejemplo de reuso inclusivo
En Ecuador existen modelos de reuso aplicados a gran escala. Huella Verde destaca por su sistema de vajilla reutilizable en patios de comida y centros comerciales. La empresa opera con retorno, lavado y esterilización industrial y ha evitado más de cincuenta millones de desechables según su memoria institucional.
Su crecimiento también tiene impacto social. Pasaron de 17 a 79 personas empleadas en pocos años. El 35% por ciento del equipo tiene entre dieciocho y veinticinco años. Muchos son jóvenes sin experiencia laboral, sin estudios universitarios o migrantes de otras provincias que encontraron en Huella Verde su primer empleo formal. En su sección de Desarrollo e inclusión señalan que trabajan para eliminar barreras de empleo y promover igualdad de oportunidades. Es un modelo donde circularidad y dignidad laboral avanzan juntas.
ReciVeci y el reuso que nace desde la comunidad
En ReciVeci entendemos que el reuso funciona cuando existen incentivos claros y alternativas accesibles. La comunidad está lista para dar pasos más grandes cuando las herramientas son prácticas.
Por eso colaboramos con espacios que promueven el consumo responsable. Azul Esfera, Ecoterra y Verde Granel forman parte de esta red. A través de la ReciApp las personas que reciclan ganan ReciPuntos que pueden canjear por productos zero waste. Se crea un puente entre quienes ya separan sus residuos y quienes quieren comenzar a incorporar hábitos de reuso. Se recicla, se gana y se integran opciones sostenibles en la rutina.
El Hub de Vidrio de ReciVeci muestra cómo se conectan reciclaje y reuso. Recibe botellas de vidrio para fundición y posterior reciclaje pero también botellas retornables de cerveza y agua que pueden regresar directamente a la industria sin procesos intensivos. El retorno reduce energía, emisiones y extracción de materias primas. Todo esto es posible gracias al trabajo de recicladores y recicladoras que recuperan, clasifican y canalizan estas botellas.
El valor real del reuso
El reuso cambia la forma en la que nos relacionamos con los objetos. Un producto usado no vale menos. Cuando se repara o se transforma, gana valor ambiental y social. Cada reuso ahorra recursos. Cada reparación evita emisiones. Cada objeto que vuelve a circular ayuda a construir una economía que cuida el planeta y a las personas.
La circularidad no es un concepto lejano. Se construye desde los hogares, los talleres, los comercios, los centros de acopio y los espacios comunitarios. El reuso invita a imaginar un futuro donde consumir ya no significa descartar. Un futuro donde las soluciones nacen de la creatividad y donde la sostenibilidad tiene rostro humano.
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